Estos ídolos de hierro, obra del suizo LUGINBÜHL, son evocaciones de nuestra era, de nuestro entorno, de la materia que arrojamos y que supuestamente es inservible.

Pero este artista los ha ensamblado, los ha hecho fusionarse, los ha hecho maldecir su destino plástico entre formas, volúmenes, pedazos y sómbolos.

La conjunción operada en cada pieza es un canto creativo que acompaña nuestro recorrido y nuestra visión a lo largo de unos cementerios que perviven en soledad y celebración.






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