Conocimiento, praxis, técnica e interrogación componen el breviario místico y estético de la mallorquina SARD, cuyas obras nos proponen una angustia existencial que se hace creciente.

Cada piedra es una entidad plástica suspendida sobre nuestras cabezas, un pensamiento construido sobre unas alegorías que si salen del exterior es para hacer más acuciante el interior.

No hay respuestas porque tampoco hay preguntas, únicamente plantea la interpelación de una visión que sondea el espacio y el presente de su tiempo a través de una plasmación encerrada en sí misma.

