Dijo Goethe que no hay modo más seguro de esquivar el mundo, ni hay modo más seguro de enlazarse a él, que el arte.

Para el brasileño Nazareno, lo místico y lo simbólico iluminan una plástica que desprende una paz sedienta entre la soledad y el mito, entre una significación elocuente y un pensamiento obsesivo.

Personajes de la carne del tiempo y de la naturaleza son dioses del Olimpo que se hacen presentes cromáticamente como una premonición ambigua, que no es terrenal sino fraguada con medios pictóricos.

