El alicantino MERCADER configura su obra como una revisión de la naturaleza humana desde unas bases plásticas y visuales congregadas a su alrededor.

Lo figurativo y empirista esta sujeto a una pulsión interior acorde con un juego dialéctico inacabable, en el que la expresión se dilata para proyectarse en la mente del receptor.

Este choque de mentes se produce por la intimidación de una mirada y la agresividad de la otra, de tal modo que ninguna de las dos quedan indemnes.

