Toda práctica se explica por sí misma y el valor de la teoría se convierte entonces en el valor que la práctica es capaz de generar y también el de crear un mundo para ella misma y para su reconocimiento.

Esa es la forma de operar de la castellonense LLESTÍN al plasmar un símbolo mujer envuelto entre las nebulosas de un espacio que está incardinado entre el sueño y la vivencia.

Su pintura se desenvuelve entre un sedoso y leve cromatismo que quiere penetrar en unos silencios plásticos que revelan la sinfonía de su acontecer y deslumbramiento.

