En estas obras aparecen personajes que en pequeños espacios no se encuentran a sí mismos y cuando lo hacen lo único que les preocupa es configurar sus formas y actitudes.

El alemám Megerle los entiende y configura como la expresión de una naturaleza que ya ha perdido el sentido de sí misma, que se manifiesta en cuerpos idos.

El que sean grotescos, malformados, odiosos, no hace que ellos no conserven sus propias virtudes plásticas para hechizarnos cual gárgolas habitantes de nuestras moradas.

