La sudafricana FEIT crea en el útero de un fragor plástico que da una imperiosa significación a sus vivencias, a su entorno, a sus mitos y pensamientos.
En la configuración de su obra son evidentes las tensiones y preocupaciones por una culminación pictórica que ofrezca al observador una lluvia de imágenes que hagan transiciones de vida y muerte.

Es una poética dolorosa de lo colectivo en lo individual, de una dimensión que busca la humanidad en su seno y en poder del arte para comunicar lo que se presiente.
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