Hace mucho tiempo que conocí la obra del cubano VILLAMIL y desde entonces no dejo de asombrarme y ahora de proporcionarme una iluminación nueva y la constancia de una voluntad que lleva su idea hasta sus últimas consecuencias.

Su visión actual, contrastada con una técnica y unos procedimientos portentosos, hacen que todo el proceso conduzca a un cosmos en que los seres han adquirido otra dimensión.

Selvas tupidas, orgánicas, fluorescentes, en las que anidan espíritus y fantasmas, mujeres hechiceras o espectros que el autor considera que surgen de una parte de sí mismo.






