A la abstracción se la sigue dando por agotada, por consumida, por anodina, por no saber encontrar nuevos campos en los que depositar su sed.
En el caso del italiano FRANGI, la sed encuentra su desvarío en masas de colores que se mueven entre vertidos, bolsas, superficies a las que dota de su más plástico vocabulario.

Las tonalidades y texturas, las gamas complementadas, definen una pintura intuitiva, espontánea, ágil, impremeditada, pero que se basa en la magia de una maestría y desarrollos sensitivos.


