Si el vitalismo descubre el misterio en la propia esencia de la vida, el alemán GLEIWITZ lo destierra de su intangibilidad para materializarlo en la superficie.

Y en este proceso de construcción plástica van apareciendo rasgos cromáticos que sueñan ser ellos mismos poblando un planeta paradisíaco.

Juegan sabiendo que son los protagonistas y que pueden ser lo que quieran, tanto signos como metamorfosis, paisajes como laberintos, pues es su momento y su lugar.



















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