Los dioses pueden aglutinar dimensiones opuestas, tanto de energía y de paz, como de intensidad y apariencia, de movimiento e inmovilidad.

Las esculturas del vasco LEZAMA les rinde un homenaje hasta cierto punto persuasivo en sus amenazas, no idealizado ni celeste, sino en toda su densidad y brutalidad simbólica.

Su visión constituye una retrospectiva del mito, un relato de lo que tuvo enormes y sublimes proporciones, de presencias materializadas en su ancestral espíritu.






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