Abel Salazar decía que la obra de arte posee una lógica propia y específica que desconocemos, como tan propios y específicos son sus procesos psicológicos de construcción.

La madrileña ZEROLO ha sentido que su mundo creador reside en una identidad formada por una masa cromática de amplia gama que se adhiere como pensamientos y sentimientos a una superficie herida.

Sus obras escarban y se vierten como cenizas, buscan tanto el resplandor como la oscuridad, viven en la tensión de que el cuchillo las desgarre más y les extraiga su sangre.


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