La subjetividad es infinita y es ella la que se enfrenta sin arredrarse a una verdad desnuda y gélida del arte, aunque haya sido desvelada ya.

El filandés SIMBERG, en su obra, muestra un espíritu de muerte que le sobrevuela, que le incita a revelar el destino que tan joven le espera.

En su pintura no aparecen dudas porque son sus espectros habituales los que aparecen, con los que dialoga y crea su historia, la suya, que ya está aconteciendo.

























