
La obra de la trinitense CLARKE opera sobre la materia para impregnarse de una diferenciación e integración metafísica en la metamorfosis de unos cuerpos rasgados.

Este simbolismo geológico apela a la oscuridad que se desata cuando nos ignoramos visualmente, cuando no sabemos interrogar plásticamente a lo esencial orgánico y biológico.

Cada pieza es un entramado que invoca a una naturaleza que está celebrando su propio funeral, su desolación por el abandono y el maltrato.














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