El cubano MAGÍN PÉREZ plantea en su pintura un mundo visionario con unas pesadillas dinámicas a la medida de una humanidad horrorizada ante su propia deriva.

Desde un espacio que se define en su propia encarnadura anónima, la figuración conforma un interrogatorio de luces amortiguadas y máquinas aniquiladoras e impías.

Son obras, de una plástica simbólica atada a claves de ficción futurista y de predicciones metafóricas, exigen una mirada atenta y centrada en el discurso de un tiempo desprovisto de clemencia y razón.


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