Los artistas como el peruano CHÁVEZ ARROYO qué lejos están, afortunadamente, de la influencia eurocentrista y que cerca de la locura divina andina.

Sus obras son un ejemplo notorio de ese bien supremo de la humanidad, según lo afirmado por Bergson, que es la creatividad. Y una creatividad en su caso con mayúsculas.

Una poética de la inaginación, de la leyenda, de las experiencias, que se han instalado en la magia cromática y figurativa de un creador ensimismado en una plástica que registra y renueva para el espectador la dimensión pictórica.














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