Decía Fernando de Szyszlo que el artista intenta exaltar la vida, convertirse en memoria de su grupo y luchar contra cuantas formas se abalanzan sobre él, aunque la sociedad no se lo exige y pueda incluso ignorarlo.

El peruano ALDANA forma parte de ese tipo de artistas, que además pone a prueba sus conjuraciones plásticas con su cultura ancestral, sus concepciones pictóricas con su sentido del espacio y del tiempo inmemorial.

Obra de una sola clave y muchos significados, cuyo cromatismo pausado, sabiamente estructurado, penetra en una figuración cuyo imaginario singular es el credo autóctono de una revelación.


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