Un autor dictaminó que lo propio del hombre -y en este caso del artista- es aportar la fealdad, puesto que le hace falta tener conciencia de un desacuerdo esencial entre él y las cosas.

En las obras del francés MERLIER el desacuerdo es un goce pesimista pero lúdico, por ser escultor de una humanidad que ni desnuda ni vestida sabe donde estar y ser.

Nos asombra que se asombren, que no se conozcan, que nos miren sin entender que son como nosotros pero que ya lo han olvidado, porque ¿qué sentido tiene el recuerdo?


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