En la obra del catalán FITA, del que he adquirido un grabado, no es un vacío, en todo caso un cosmos no visto desde su vacuidad, sino de su celeste naturaleza.

La búsqueda de una dimensión sobre la que extender toda una topografía estelar se ve constituida por unas entrañas cromáticas que nos acercan a un viaje estelar sólo con mirarlas.

Texturas y tonalidades se erigen en verdaderas sendas visivas, en vehículos para concertar presagios de miradas, afluencias sensitivas y percepciones desconocidas.


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