El holandés PALSGRAAF se ha gestado a sí mismo en el mundo exterior, en el que le rodea e impresiona por una degeneración en toda su pureza.

Y así se ha propuesto crear a partir de la destrucción, pero no para hacerla impoluta, sino para que sea la significación y símbolo de una sociedad enfermiza, de un urbanismo efímero y abandonado.

Él reconstruye su decadencia y ruina con el fin de que sus dimensiones representen el hecho cumplido de una renovación desde esos presupuestos, es decir, desde su condición artística.


No hay comentarios:
Publicar un comentario