En la obra de la taiwanesa WANG se da una síntesis de estéticas orientales y occidentales que nos permiten atrapar un entendimiento que no es concible sin una imaginación plástica tan penetrante.

El color fresco, espónteneo, jubiloso, reverberante, dinámico, fusionado, que parece fugaz sin serlo, marca un estatus pictórico paisajístico en su vena más expresiva.

Vibran esos entramados frondosos que son fruto de una creación intuitiva sólida, trabajada, esforzada y con una poética de vida y comunión con la naturaleza.


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