El chino LUI huyó de su país porque seguramente esa expreriencia estética que tanto buscaba no era posible por la destrucción de la inteligencia en que la sitación le estaba abismando.

Por eso su pintura es una proclamación sabia de luz, color, gestos, dinamismo, líneas y masas intricadas, fluctuaciones en un espacio que con ello él cree hacer infinito.

Su leguaje plástico es hasta musical, aéreo, sintonía que el artista quiere constituir como prueba de lo que el mundo es y al mismo tiempo le ha hecho.


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