El artista no se define sólo por su técnica, ni siquiera por el estilo y el ideario, sino por todo lo que constituye su propia sustancia ontológica.

Por lo que el cubano BARREIRO se involucra de lleno en la construcción de una obra que toma conciencia de la pérdida de identidad, la pérdida de forma e incluso del ser.

Su configuración y cromatismo no tiene piedad con los perdedores, que así se hacen más elocuentes sumidos en un destino que les ha dejado sin fe y convicción.



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