Es extraña, patética y dramática, esa combinación metafísica de dos entes heterogéneos -ser humano y mundo- obligados a unificarse.

Como son patéticos e inmisericordes estos retratos del joven catalán BONET, que ponen de manifiesto una visión transfigurada de lo que somos y de como acabaremos.

Dentro de un cromatismo acorde con su insania plástica y su concepción dibujística, tiene lugar lo visivo de unos rostros maculados que han perdido la fe en sí mismos y en su destino.






















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